lunes, 5 de septiembre de 2011

Douglas Coupland

Douglas Coupland
(Canadá, 1961)
Escritor canadiense. Nació en una base militar de la OTAN en Baden Sollingen, Alemania. En 1965 volvió con su familia a Vancouver, Columbia Británica. En 1984 se graduó en la Escuela de Arte y Diseño Emily Carr de Vancouver. Posteriormente viajó a Hawai (Estados Unidos), Milán (Italia) y Sapporo (Japón), donde realizó estudios empresariales y de diseño industrial. Actualmente reside entre Los Ángeles, Vancouver y Escocia. Su primera novela, Generación X, de 1991, ha dado nombre a los hombres y mujeres de su edad, desconfiados de ser un objetivo del mercado y deseosos de llevar una vida independiente y distinta a la de los yuppies que les precedieron, y a la generación de los rebeldes de la década de 1960, que son sus padres. El tema de la generación X surgió por primera vez en un artículo que Coupland publicó en 1988 en una revista loc. Planeta Champú (1992), supuso su confirmación como novelista relevante. Insiste en las mismas características de unos personajes que han crecido y se encuentran ante la disyuntiva de integrarse en una sociedad que no les gusta o mantenerse al margen. Una colección de cuentos, La vida después de Dios (1994), constituye hasta el momento su obra más valorada por la crítica. Utiliza el mismo estilo aparentemente descuidado y superficial que le caracteriza para narrar cuestiones profundas y que afectan indudablemente a los que se van haciendo adultos en la década de 1990. En 1995 publicó Microsiervos, una novela sobre los jóvenes empleados en una importante empresa informática. Polaroids (1996), es una colección de historias reales o ficticias sobre lugares y personajes que han marcado nuestras vidas. Posteriormente ha publicado Girlfriend in a Coma (1998), Lara's Book: Lara Croft and the Tomb Raider Phenomenon (1998), Miss Wyoming (1999), City of Glass (2000), La segunda oportunidad (2001) y Todas las familias son psicóticas (2001).  © eMe


viernes, 2 de septiembre de 2011

Antes...

Antes existía un pudor que nos permitía escribir en un cuaderno y dejar nuestros textos ocultos en el fondo de un cajón a la espera de que, una vez muertos, los hombres del futuro nos consideraran brillantes y excelentes. Pero el camino de Kafka se ha cerrado y ahora cualquier hijo de vecina se pone a escribir sobre mil cosas que llega el momento de considerar ¿realmente algo de aquí vale la pena? Entre tanto blablabla ¿hay algo digno de conservarse para los siglos venideros?
No creo que de Internet salga el clásico del siglo XXIV que el capitán Kirk o el señor Spock lleven consigo a un planeta desierto. ¡Hay tanta paja! Y no pretendo ser mejor o peor que todos los demás pero a veces pienso que sería mejor escribir sobre la arena...

En el comienzo...

Ha lo largo de los días he rumiado una serie de ideas que dentro del teatro de la mente parecen geniales y se me presentan con una claridad insólita de diamante y día soleado. Tomo, pues, mi bolígrafo y decido escribir con la esperanza que las pepitas de oro que voy encontrando no se transformen en hojas secas a la luz de la mañana.
Quiero hablar de Internet, qué cosa más original, y de las generaciones. Quiero hablar de información y de conocimiento. Busco la fórmula del agua hervida y descubrir las estructuras internas del hilo negro y explorar con paciencia cartográfica los territores del lugar común.
Dice Lee Siegel (a quien he estado leyendo y que me ha influido al grado de ponerme a escribir estas líneas) que "en la actualidad, existen cerca de setenta millones de blogs y se crean cuarenta mil y cincuenta mil al día" (El mundo a través de una pantalla, Tendencia Editores, España, 2008, p. 163). Es aquí donde nace mi blog. Uno más, que más da.