Antes existía un pudor que nos permitía escribir en un cuaderno y dejar nuestros textos ocultos en el fondo de un cajón a la espera de que, una vez muertos, los hombres del futuro nos consideraran brillantes y excelentes. Pero el camino de Kafka se ha cerrado y ahora cualquier hijo de vecina se pone a escribir sobre mil cosas que llega el momento de considerar ¿realmente algo de aquí vale la pena? Entre tanto blablabla ¿hay algo digno de conservarse para los siglos venideros?

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